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“Ahora aprovecho más cada momento de mi vida”

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A sus 47 años, Silvia Patricia Dueñas, fue diagnosticada con cáncer de mama. Gracias a que la detección se dio en etapa 2, pudo iniciar oportunamente su tratamiento y se muestra muy positiva frente al manejo de la enfermedad. Una casualidad. Un indicio. Un ‘pitazo’. Una señal divina. Quizá no haya una sola forma de definir el motivo por el cual Silvia logró la detección temprana que hoy le regala esperanza para seguir disfrutando de su vida, de su familia, de su trabajo. Transcurría mayo de 2022. “Fue curioso, porque yo estaba conversando con la chica que me ayuda en la cocina y, pues, no recuerdo por qué llegamos al tema de que ella había tenido que hacerse unos exámenes y que le habían encontrado unos quistes en el seno, le hicieron una punción y, gracias a Dios, todo le había salido normal”, relata Silvia Patricia Dueñas, desde su vivienda, ubicada en el barrio Pampalinda, en Cali. Y continúa: “Yo me dirigí a mi habitación a cambiarme y la tirita del brasier se me salió y me pegó en seno. Entonces, cuando yo me fui a tocar, me sentí una bola; y le pregunté a mi esposo: «Mira, ¿tú la sientes?», y él me respondió que sí, que sentía una bolita, entonces me preocupé y decidí ir a una consulta”. Para entonces, ya Silvia era afiliada a Coosalud, tras ser asignada por el Ministerio de Salud y Protección Social desde otra EPS, en febrero pasado. Al principio, el médico consideró que se trataba de un quiste, porque, preliminarmente, parecía una masa benigna. “De maneras –me dijo– vamos a mandar una muestra para que te hagan un examen, una biopsia, para descartar cualquier problema”, relata. En ese momento, dicho en sus palabras, se le encendieron las alarmas. “Me sentía muy nerviosa. Me decía a mí misma: «Dios mío, esto puede ser una realidad». Sentía muchísimos nervios, antes de que me dieran el diagnóstico, incluso antes de entrar al consultorio, cuando la doctora me llamó, yo sentía un dolor de estómago horrible, estaba muy asustada”. Y ahí apareció el resultado: positivo. “Fue un baldazo de agua fría, claro, pero, siendo sincera, como que sentí que descansé, que ya era una realidad que debía asumir y afrontarla con entereza”. “¿Tengo posibilidad o no tengo posibilidad?”, le replicó a su doctora. Con la pregunta, Silvia se refería a que si, en su caso, había expectativa de supervivencia. “Estás en etapa 2, todavía tienes posibilidades, tranquila” –me dijo ella. Enseguida, me pasaron a donde una enfermera que me iba a hablar sobre la enfermedad, cómo era el proceso, todo lo que se venía, porque es como cuando uno tiene el primer hijo, que no tiene idea de cómo va a ser esa experiencia. Entonces eso te genera cierto alivio, porque cuando a ti te dicen la palabra cáncer tú piensas que es el final de todo, pero cuando ya empiezan a hablarte de eso, te devuelven la esperanza. de esperanza de que tú debes luchar para salir adelante”. Reconoce que, en su EPS, a través del programa de Cuidadores Coosalud, ha encontrado un gran apoyo en el proceso de seguimiento a su situación de salud. “Me sorprendió mucho, porque me llaman permanentemente, o sea, no es que yo esté buscando y luchando pues para que me den una cita, sino que ellos están muy pendientes, realmente te das cuenta de que están preocupados por ti. Me asignaron una persona muy especial, Harold, que siempre se comunica conmigo: Silvia, ¿cómo está?, ¿cómo se siente?, ¿ya le hicieron los exámenes?, ¿que sigue ahora?… Le programaron una cirugía para principios de agosto. Ahora lo que viene será acceder a tratamiento de quimioterapias y radioterapias.

Decisiones de vida

Silvia se mantiene aferrada a la vida. Se refugió en su familia, en sus padres, en su esposo y en sus tres hijos: dos niñas menores, que viven con ella, y su hijo mayor, que reside fuera del país. No es tan fácil, especialmente cuando tienes tres niños. Se te vienen muchas cosas a la cabeza, pero yo pienso que lo más importante en este momento es tratar de ser lo más positivo posible. A sus 47 años, esta profesional en finanzas y relaciones internacionales, lleva las riendas de una empresa familiar dedicada al turismo. En su trabajo también ha encontrado una salida para desconectarse de la enfermedad. También le ha sido una motivación para modificar aspectos de su rutina. Ha incluido más momentos de oración y meditación. Sale todas las mañanas a caminar lo que más pueda y se ha tomado más a pecho de su alimentación. “Yo estaba muy adicta a la comida que no era sana. Para ayudar a mi sistema inmunológico a combatir el cáncer, empecé a comer verde, porque no comía casi verde, renuncié al azúcar, a todos esos productos que son envasados y vienen con muchos preservativos, a harinas refinadas… Entonces ahorita mi alimentación es más verde. Eso también me ha servido bastante, porque estaba en un sobrepeso considerable y he ido bajando de peso”. Y recalca: “Asumir esta enfermedad me ha cambiado la forma de ver la vida, porque cambian las prioridades, ya uno deja el ‘corre corre’ y disfruta mejor de cada instante con su familia”.

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