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Derechos humanos de las personas con VIH, cuestión de justicia y dignidad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2020 había alrededor de 37,7 millones de personas con VIH en el mundo, de las cuales 27,5 millones accedían a la terapia antirretroviral, un tratamiento que les permite controlar el virus y mejorar su calidad de vida.

Sin embargo, a pesar de los avances científicos y médicos, las personas con VIH siguen enfrentando múltiples barreras sociales, culturales y legales que limitan su acceso a la salud, la educación, el trabajo, la justicia y la participación ciudadana. Estas barreras se deben principalmente a la discriminación, el estigma y la violencia que sufren muchas personas con VIH por parte de la sociedad, las instituciones y los propios profesionales de la salud.

La discriminación puede manifestarse de diversas formas, como la negación de servicios, la exclusión de oportunidades, la restricción de derechos, la segregación o el aislamiento.

Entretanto, el estigma puede generar sentimientos de vergüenza, culpa, miedo, rechazo o autoestima baja en las personas estigmatizadas, así como dificultar su integración social y su acceso a recursos y apoyos.

Así mismo, la violencia puede ser ejercida por individuos, grupos o instituciones, y puede tener diversas motivaciones, como el odio, la intolerancia, el control o la venganza. La violencia puede tener graves consecuencias para la salud, la seguridad y el bienestar de las personas afectadas.

Estos tres fenómenos están estrechamente vinculados y se retroalimentan entre sí, creando un círculo vicioso de vulneración de los derechos humanos fundamentales de las personas con VIH. Algunos ejemplos a nivel mundial de estas violaciones son:

  • La penalización del VIH, que consiste en la aplicación de leyes que criminalizan la transmisión, la exposición o la no revelación del VIH, sin tener en cuenta la evidencia científica, el consentimiento, la intención o el riesgo real de infección. Estas leyes violan el derecho a la privacidad, la dignidad, la igualdad ante la ley y el debido proceso de las personas con VIH, y pueden generar miedo, desconfianza y estigma.

  • La violación de la confidencialidad, que implica la divulgación no autorizada del estado serológico de una persona con VIH, ya sea por parte de profesionales de la salud, familiares, parejas, empleadores o medios de comunicación. Esta violación vulnera el derecho a la privacidad, la intimidad y la protección de datos personales de las personas con VIH, y puede provocar discriminación, estigma y violencia.

  • La violencia de género, que implica el uso de la fuerza o el poder para dominar, controlar o agredir a una persona por su condición de mujer, hombre, transgénero o diverso. Esta violencia puede ser física, sexual, psicológica o económica, y puede ser perpetrada por parejas, familiares, desconocidos o instituciones. La violencia de género vulnera el derecho a la integridad, a la seguridad y a la libertad de las personas con VIH, y puede facilitar la transmisión o agravar el impacto del virus.

Estos son solo algunos ejemplos de las situaciones de discriminación, estigma y violencia que sufren muchas personas con VIH en el mundo, y que constituyen una grave violación de sus derechos humanos fundamentales.

Por lo tanto, es necesario reivindicar el respeto y la protección de los derechos humanos de las personas con VIH. Solo así podremos avanzar hacia el fin de la epidemia del sida como una amenaza para la salud pública y el desarrollo sostenible, y hacia la construcción de un mundo más justo, equitativo y humano para todos.

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