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Historias de vida

José Manuel

Trasplante de riñón, derrame cerebral y en espera de un corazón

Resiliencia, la capacidad de los seres humanos para adaptarse, podría ser el ingrediente principal de esta historia.

O fortaleza, o disciplina, o ganas de vivir, o avances de la medicina, o la solidaridad de su esposa o un milagro, o todas las anteriores.

Trasplante renal, derrame cerebral y marcapasos en el corazón. Cada una, temible dolencia. Las tres juntas no son nada comunes.

Y el señor José Manuel Holguín, de 46 años, oriundo de Frontino, Antioquia, y criado con aguapanelita con lechita, convive con las tres dolencias. Hoy sube y baja varias veces las escaleras de los cuatro pisos para llegar a su apartamento, camina por las calles del barrio Manrique y trabaja medio tiempo como vendedor en una frutería de Medellín.

Paciente renal durante 21 años, también operado hace 17 años de un aneurisma o derrame cerebral. Le insertaron una válvula frontal en el cerebro para unir la vena rota, sufrió severas torceduras en las extremidades, convulsionaba frecuentemente.

Hace 13 años lo llamaron a Frontino, desde la Clínica de Vicente de Medellín. Había aparecido el donante del riñón que estaban esperando. Al otro día estaba con Patricia, su esposa, en la clínica. La operación fue éxito.

Conoce la historia

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Siempre acompañado de Patricia, que era su vecina, y de quien se enamoró cuando ella tenía 14 años y José Miguel, 20. Llevan 26 años juntos, solidarios en las duras y en las maduras. Tienen un hijo de 18 años.

Vivió ocho años con ese riñón trasplantado, una vida casi normal.

Y, de repente, vino la lesión cerebral. Perdió gran parte de la movilidad y el habla. De emergencia lo volvieron a trasladar a Medellín y le practicaron una delicada intervención quirúrgica en la cabeza. Le implantaron una válvula para reparar la vena que se había roto. De ese episodio le queda la cicatriz de extremo a extremo de sus cejas. Los brazos y las piernas que se habían deformado ya recobraron su postura y funcionamiento normal. El habla es casi perfecta y la memoria es la de cualquier marido despistado acostumbrado a preguntarle todo, fechas y detalles, a la esposa. Pudo volver a funcionar. Y aquí estamos contando la historia.

Sin el riñón trasplantado y superado el episodio del derrame cerebral, de pronto el corazón falló.

“Me metí a lista de espera para el órgano. Estaba en Frontino y me llamaron a que viniera a Medellín antes de las 10 a.m. Solo me pusieron un riñón como a todos los pacientes, con dos órganos salvan a dos pacientes. El riñón me funcionaba normal, eliminando orina normalmente, tomando medicamentos de alto costo que la EPS me daba. Ese órgano me duró ocho años hasta que una bacteria me enfermó y me dañó el órgano. Así que otra vez comenzaron las diálisis. Ahora, a través de una fistula arteriovenosa, que es la unión de una arteria con un vena principal…” va contando José Manuel, en su apartamento del tradicional barrio Manrique.

En el brazo se le nota una protuberancia del tamaño del dedo pulgar de su mano. Por ahí le practican, cada dos días, en sesiones de cuatro horas, la purificación y recirculación de toda su sangre con el procedimiento llamado hemodiálisis, algo ya habitual para José Manuel.

Trasplante de riñón, derrame cerebral y en espera de un corazón (BQ)

José Manuel

Sin el riñón trasplantado y superado el episodio del derrame cerebral, de pronto, el corazón le falló. “Demasiado grande, se creció. Mi corazón estaba a un 50 por ciento de su capacidad, me cansaba, hasta comiendo me cansaba. Había que colocarle una ayuda para hacerme la vida más normal, un desfibrilador o marcapasos, que es como un relojito, una pequeña cirugía con un cablecito que manda choque eléctricos. Ya subo escaleras, camino. Demasiadas cirugías, mi suegra dice que parezco un robot”, relata.

Luego, se refiere a su alimentación: “mi comida favorita, carnita asada y una ensalada, poco potasio; plátano, naranja, frijoles, aguapanela; en Frontino, mucha aguapanela y café, guarapo y criados con panela; arepita con mantequilla, gallinas, huevos y, de vez, en cuando chicharrón y aguapanelita con lechita, desayuno, almuerzo y comida”, dice Juan Manuel, y agrega: “la verdad, el pilastro, la fortaleza mía, ha sido mi esposa, Patricia, me aguantó. Uno con la enfermedad se vuelve rabioso, y ella ha aguantado”.

Veintiséis años llevan juntos. Ella ha sostenido la casa mientras José Manuel ha estado incapacitado. “Si él está así, cómo lo voy a hacer a un lado”, menciona Patricia.

Cuando él se enfermó, su hijo tenía dos años y ella empezó a trabajar más duro. “Dios me dijo: te voy a dar una gran esposa”.

Y a esta mujer, hecha de una madera muy fuerte, hace poco más de un año también se le quebrantó la salud. Le detectaron un tumor maligno en el seno izquierdo. Le tuvieron que practicar un vaciamiento total, ambulante. Entró a cirugía a la una de la tarde y a las diez de la noche ya estaba en la casa.

“A José Manuel le tocó apoyarme. Fue una semana muy dura”, apunta Patricia, quien ya está recuperada y madrugando a trabajar todos los días. Siempre solidaria, muy pulcra y sonriente.

Y habla más de la salud de su esposo, como si lo suyo hubiera sido algo sencillo. “Ahora está muy bien, lo peor fue el año pasado, cuando lo del corazón, porque lo del derrame fue de una, cuestión de segundos. Eso del corazón fue un proceso desde enero hasta agosto y, como dos tres meses después, entre octubre y noviembre, se le vio mejoría. Ahora está bien”.

Ambos empezaron a recibir la seguridad social en Frontsalud, una empresa pequeña creada en Frontino, que luego fue adquirida por Coosalud. Comenzaron como líderes a buscar afiliados que creyeran en la empresa. “Antes se enfermaba uno y no había nada que hacer“, refiere José Manuel. Y prosigue: “en Coosalud se portan bien, cada que uno necesita una orden ellos, la dan. Coosalud ha sido el apoyo importante para estar así, gracias a la parte gerencial, médica, mi tratamiento es de alto costo. El doctor Ramon Botero, gerente en la sucursal Antioquia, se porta muy bien, no solo conmigo, sino con todos los pacientes. Nuestro hijo también nació por Coosalud”.

Después menciona: “mi sueño es que me hagan un trasplante de corazón, sé que lo voy a lograr, me voy a meter en la lista nacional“, dice el optimista y valiente José Manuel, mientras mira de reojo el partido de la Selección Colombia.

Resiliencia total.

Historias de vida

José Manuel

Trasplante de riñón, derrame cerebral y en espera de un corazón

Resiliencia, la capacidad de los seres humanos para adaptarse, podría ser el ingrediente principal de esta historia.

O fortaleza, o disciplina, o ganas de vivir, o avances de la medicina, o la solidaridad de su esposa o un milagro, o todas las anteriores.

Trasplante renal, derrame cerebral y marcapasos en el corazón. Cada una, temible dolencia. Las tres juntas no son nada comunes.

Y el señor José Manuel Holguín, de 46 años, oriundo de Frontino, Antioquia, y criado con aguapanelita con lechita, convive con las tres dolencias. Hoy sube y baja varias veces las escaleras de los cuatro pisos para llegar a su apartamento, camina por las calles del barrio Manrique y trabaja medio tiempo como vendedor en una frutería de Medellín.

Paciente renal durante 21 años, también operado hace 17 años de un aneurisma o derrame cerebral. Le insertaron una válvula frontal en el cerebro para unir la vena rota, sufrió severas torceduras en las extremidades, convulsionaba frecuentemente.

Hace 13 años lo llamaron a Frontino, desde la Clínica de Vicente de Medellín. Había aparecido el donante del riñón que estaban esperando. Al otro día estaba con Patricia, su esposa, en la clínica. La operación fue éxito.

Conoce la historia

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Siempre acompañado de Patricia, que era su vecina, y de quien se enamoró cuando ella tenía 14 años y José Miguel, 20. Llevan 26 años juntos, solidarios en las duras y en las maduras. Tienen un hijo de 18 años.

Vivió ocho años con ese riñón trasplantado, una vida casi normal.

Y, de repente, vino la lesión cerebral. Perdió gran parte de la movilidad y el habla. De emergencia lo volvieron a trasladar a Medellín y le practicaron una delicada intervención quirúrgica en la cabeza. Le implantaron una válvula para reparar la vena que se había roto. De ese episodio le queda la cicatriz de extremo a extremo de sus cejas. Los brazos y las piernas que se habían deformado ya recobraron su postura y funcionamiento normal. El habla es casi perfecta y la memoria es la de cualquier marido despistado acostumbrado a preguntarle todo, fechas y detalles, a la esposa. Pudo volver a funcionar. Y aquí estamos contando la historia.

Sin el riñón trasplantado y superado el episodio del derrame cerebral, de pronto el corazón falló.

“Me metí a lista de espera para el órgano. Estaba en Frontino y me llamaron a que viniera a Medellín antes de las 10 a.m. Solo me pusieron un riñón como a todos los pacientes, con dos órganos salvan a dos pacientes. El riñón me funcionaba normal, eliminando orina normalmente, tomando medicamentos de alto costo que la EPS me daba. Ese órgano me duró ocho años hasta que una bacteria me enfermó y me dañó el órgano. Así que otra vez comenzaron las diálisis. Ahora, a través de una fistula arteriovenosa, que es la unión de una arteria con un vena principal…” va contando José Manuel, en su apartamento del tradicional barrio Manrique.

En el brazo se le nota una protuberancia del tamaño del dedo pulgar de su mano. Por ahí le practican, cada dos días, en sesiones de cuatro horas, la purificación y recirculación de toda su sangre con el procedimiento llamado hemodiálisis, algo ya habitual para José Manuel.

Trasplante de riñón, derrame cerebral y en espera de un corazón (BQ)

José Manuel

Sin el riñón trasplantado y superado el episodio del derrame cerebral, de pronto, el corazón le falló. “Demasiado grande, se creció. Mi corazón estaba a un 50 por ciento de su capacidad, me cansaba, hasta comiendo me cansaba. Había que colocarle una ayuda para hacerme la vida más normal, un desfibrilador o marcapasos, que es como un relojito, una pequeña cirugía con un cablecito que manda choque eléctricos. Ya subo escaleras, camino. Demasiadas cirugías, mi suegra dice que parezco un robot”, relata.

Luego, se refiere a su alimentación: “mi comida favorita, carnita asada y una ensalada, poco potasio; plátano, naranja, frijoles, aguapanela; en Frontino, mucha aguapanela y café, guarapo y criados con panela; arepita con mantequilla, gallinas, huevos y, de vez, en cuando chicharrón y aguapanelita con lechita, desayuno, almuerzo y comida”, dice Juan Manuel, y agrega: “la verdad, el pilastro, la fortaleza mía, ha sido mi esposa, Patricia, me aguantó. Uno con la enfermedad se vuelve rabioso, y ella ha aguantado”.

Veintiséis años llevan juntos. Ella ha sostenido la casa mientras José Manuel ha estado incapacitado. “Si él está así, cómo lo voy a hacer a un lado”, menciona Patricia.

Cuando él se enfermó, su hijo tenía dos años y ella empezó a trabajar más duro. “Dios me dijo: te voy a dar una gran esposa”.

Y a esta mujer, hecha de una madera muy fuerte, hace poco más de un año también se le quebrantó la salud. Le detectaron un tumor maligno en el seno izquierdo. Le tuvieron que practicar un vaciamiento total, ambulante. Entró a cirugía a la una de la tarde y a las diez de la noche ya estaba en la casa.

“A José Manuel le tocó apoyarme. Fue una semana muy dura”, apunta Patricia, quien ya está recuperada y madrugando a trabajar todos los días. Siempre solidaria, muy pulcra y sonriente.

Y habla más de la salud de su esposo, como si lo suyo hubiera sido algo sencillo. “Ahora está muy bien, lo peor fue el año pasado, cuando lo del corazón, porque lo del derrame fue de una, cuestión de segundos. Eso del corazón fue un proceso desde enero hasta agosto y, como dos tres meses después, entre octubre y noviembre, se le vio mejoría. Ahora está bien”.

Ambos empezaron a recibir la seguridad social en Frontsalud, una empresa pequeña creada en Frontino, que luego fue adquirida por Coosalud. Comenzaron como líderes a buscar afiliados que creyeran en la empresa. “Antes se enfermaba uno y no había nada que hacer“, refiere José Manuel. Y prosigue: “en Coosalud se portan bien, cada que uno necesita una orden ellos, la dan. Coosalud ha sido el apoyo importante para estar así, gracias a la parte gerencial, médica, mi tratamiento es de alto costo. El doctor Ramon Botero, gerente en la sucursal Antioquia, se porta muy bien, no solo conmigo, sino con todos los pacientes. Nuestro hijo también nació por Coosalud”.

Después menciona: “mi sueño es que me hagan un trasplante de corazón, sé que lo voy a lograr, me voy a meter en la lista nacional“, dice el optimista y valiente José Manuel, mientras mira de reojo el partido de la Selección Colombia.

Resiliencia total.

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