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Historias de vida

Tras cincuenta cirugías en su pierna, quiere ser médica y también mamá

No recuerda cuántas intervenciones quirúrgicas le han realizado desde los 13 hasta los 25 años que tiene ahora, pero calcula que han sido unas cincuenta.
Rosana sufre de osteomielitis crónica en su pierna izquierda, una infección que ha carcomido su fémur y parte de su cadera. Hace un año dejó las muletas, que utilizó durante 12 años, detrás de la puerta de la habitación alquilada donde reside.
Labora diariamente como administradora en una óptica mayorista de Barranquilla, vendiendo lentes biconvexos, plano-convexos y cóncavo-convexos, entre tantos otros productos que conoce a la perfección.
Pudo terminar su bachillerato estudiando mientras permanecía en las clínicas donde, tras las cirugías, demoraba internada meses enteros. Su mayor afición es leer libros de medicina.
Su hermano, cinco años menor, es quien la acompañaba, desde que cumplió los 11 años, en la cama auxiliar de las habitaciones de clínicas y hospitales. La ayudaba y hasta, pesando él menos, la cargaba.
Ahora él tiene 20 años, es alto como ella y muy fuerte. Hasta que Rosana logró caminar sola, su hermano la alzaba en sus brazos cada vez que era necesario. Hoy ella es su jefa en la distribuidora óptica donde le dieron su primer trabajo, a los 17 años.
Rosana Yirley Torres Cudris es afiliada a Coosalud EPS desde hace 12 años, poco después de la mañana del 28 de octubre de 2007, cuando un carro la atropelló tras bajarse de un bus al regresar de casa de su prima.
Cuando le sucedió este accidente la atendieron en una clínica de Barranquilla en la que su experiencia no fue nada agradable; según cuenta, cometieron muchos errores que ella no olvida.

Rosana

Luego, tras detectarle la osteomielitis crónica y ya estando afiliada a Coosalud, el doctor McCausland, entonces gerente de esta EPS en Atlántico, le dijo que tenían que remitirla a esa misma clínica, y Rosana se oponía hasta que decidió aceptar el traslado y enviaron una ambulancia a recogerla.
Fue cuando conoció al médico ortopedista y traumatólogo a quien ella le agradece todos los días por su recuperación: el doctor Iván Reátiga, actual gerente de la clínica Campbell de Barranquilla, y su ángel, como ella lo define.
“Nunca me ha faltado ninguna atención en Coosalud. Si no fuera por ellos, quién sabe dónde estaría yo”, dice, con su voz clara, sus ideas articuladas, siempre sonriente, sin quejarse, y con la esperanza de poder estudiar medicina algún día. “Estoy segura de que sería una médica excelente”.

Rosana 3

Rosana

Los dolores y, sobre todo, la anemia le hacían la vida imposible. Los huesos de la pierna se iban destruyendo por la agresiva infección y había que realizarle implantes que su cuerpo rechazaba y era necesario practicarle cirugías reconstructivas casi mensualmente. En este proceso, su hermano siempre ha permanecido a su lado.
Y ella soportando y con el anhelo de poder volver a caminar. Los antibióticos muy fuertes le provocaban trastornos digestivos y otros efectos colaterales. La hemoglobina era muy baja y se agotaba con facilidad.

También ha sido atendida en la Clínica La Misericordia Internacional y en la Clínica El Prado, ambas en Barranquilla.
Cuando podía, asistía al colegio para satisfacer su deseo de graduarse como bachiller. Sus compañeros la ayudaban, aunque había otros muy crueles que le hacían bullying al ver su forma de caminar o cuando se desmayaba del dolor, pero Rosana recuerda más a los muchos que la apoyaban, que a los pocos que se burlaban.
Era muy buena estudiante, su letra, muy bonita, dejaba entrever su carácter pulcro y cuidadoso. Estudiaba mucho canalizada en las camas hospitalarias, donde ha pasado gran parte de sus últimos 12 años.
Ahora es una eficiente administradora, domina sistemas de inventarios y facturación y en su trabajo la aprecian superiores y subalternos.

La mayor parte de los días se transporta en bus, aunque con alguna dificultad para caminar y subir escaleras, porque su rodilla está atrofiada y su pie, rotado.
Dentro de dos meses, aproximadamente, le harán otra cirugía, para ella, esta es mucho más sencilla. “Será ambulatoria, una artroscopia y, seguramente, después de esta, podré doblar la rodilla y caminaré mucho mejor”.
Los médicos le han dicho a Rosana que sí podrá tener hijos, aunque será necesario practicarle cesárea, pues las condiciones de su cadera reconstruida no permiten que se expanda como sucede durante el parto natural.
“Quiero tener hijos, pero primero deseo seguir buscando la forma de estudiar medicina. Seré una mamá y una médica excelente, lo peor ya pasó”.

Historias de vida

Tras cincuenta cirugías en su pierna, quiere ser médica y también mamá

No recuerda cuántas intervenciones quirúrgicas le han realizado desde los 13 hasta los 25 años que tiene ahora, pero calcula que han sido unas cincuenta.
Rosana sufre de osteomielitis crónica en su pierna izquierda, una infección que ha carcomido su fémur y parte de su cadera. Hace un año dejó las muletas, que utilizó durante 12 años, detrás de la puerta de la habitación alquilada donde reside.
Labora diariamente como administradora en una óptica mayorista de Barranquilla, vendiendo lentes biconvexos, plano-convexos y cóncavo-convexos, entre tantos otros productos que conoce a la perfección.
Pudo terminar su bachillerato estudiando mientras permanecía en las clínicas donde, tras las cirugías, demoraba internada meses enteros. Su mayor afición es leer libros de medicina.
Su hermano, cinco años menor, es quien la acompañaba, desde que cumplió los 11 años, en la cama auxiliar de las habitaciones de clínicas y hospitales. La ayudaba y hasta, pesando él menos, la cargaba.
Ahora él tiene 20 años, es alto como ella y muy fuerte. Hasta que Rosana logró caminar sola, su hermano la alzaba en sus brazos cada vez que era necesario. Hoy ella es su jefa en la distribuidora óptica donde le dieron su primer trabajo, a los 17 años.
Rosana Yirley Torres Cudris es afiliada a Coosalud EPS desde hace 12 años, poco después de la mañana del 28 de octubre de 2007, cuando un carro la atropelló tras bajarse de un bus al regresar de casa de su prima.
Cuando le sucedió este accidente la atendieron en una clínica de Barranquilla en la que su experiencia no fue nada agradable; según cuenta, cometieron muchos errores que ella no olvida.

Rosana

Luego, tras detectarle la osteomielitis crónica y ya estando afiliada a Coosalud, el doctor McCausland, entonces gerente de esta EPS en Atlántico, le dijo que tenían que remitirla a esa misma clínica, y Rosana se oponía hasta que decidió aceptar el traslado y enviaron una ambulancia a recogerla.
Fue cuando conoció al médico ortopedista y traumatólogo a quien ella le agradece todos los días por su recuperación: el doctor Iván Reátiga, actual gerente de la clínica Campbell de Barranquilla, y su ángel, como ella lo define.
“Nunca me ha faltado ninguna atención en Coosalud. Si no fuera por ellos, quién sabe dónde estaría yo”, dice, con su voz clara, sus ideas articuladas, siempre sonriente, sin quejarse, y con la esperanza de poder estudiar medicina algún día. “Estoy segura de que sería una médica excelente”.

Rosana 3

Rosana

Los dolores y, sobre todo, la anemia le hacían la vida imposible. Los huesos de la pierna se iban destruyendo por la agresiva infección y había que realizarle implantes que su cuerpo rechazaba y era necesario practicarle cirugías reconstructivas casi mensualmente. En este proceso, su hermano siempre ha permanecido a su lado.
Y ella soportando y con el anhelo de poder volver a caminar. Los antibióticos muy fuertes le provocaban trastornos digestivos y otros efectos colaterales. La hemoglobina era muy baja y se agotaba con facilidad.

También ha sido atendida en la Clínica La Misericordia Internacional y en la Clínica El Prado, ambas en Barranquilla.
Cuando podía, asistía al colegio para satisfacer su deseo de graduarse como bachiller. Sus compañeros la ayudaban, aunque había otros muy crueles que le hacían bullying al ver su forma de caminar o cuando se desmayaba del dolor, pero Rosana recuerda más a los muchos que la apoyaban, que a los pocos que se burlaban.
Era muy buena estudiante, su letra, muy bonita, dejaba entrever su carácter pulcro y cuidadoso. Estudiaba mucho canalizada en las camas hospitalarias, donde ha pasado gran parte de sus últimos 12 años.
Ahora es una eficiente administradora, domina sistemas de inventarios y facturación y en su trabajo la aprecian superiores y subalternos.

La mayor parte de los días se transporta en bus, aunque con alguna dificultad para caminar y subir escaleras, porque su rodilla está atrofiada y su pie, rotado.
Dentro de dos meses, aproximadamente, le harán otra cirugía, para ella, esta es mucho más sencilla. “Será ambulatoria, una artroscopia y, seguramente, después de esta, podré doblar la rodilla y caminaré mucho mejor”.
Los médicos le han dicho a Rosana que sí podrá tener hijos, aunque será necesario practicarle cesárea, pues las condiciones de su cadera reconstruida no permiten que se expanda como sucede durante el parto natural.
“Quiero tener hijos, pero primero deseo seguir buscando la forma de estudiar medicina. Seré una mamá y una médica excelente, lo peor ya pasó”.

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